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vilariño

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Lo que aprendí de los chakras (cuando dejé de reírme de ellos)

Crecí en una familia donde todo lo “alternativo” se decía entre risas.Chakras, energía, aura… cosas de hippies, decían. Y yo también me reía. Aunque algo en mí escuchaba en silencio.


Mis tías practican yoga desde hace más de 30 años. Para muchos en casa, eso era motivo de mofa. Que si estaban en una secta, que si eran unas brujas…Yo aprendí rápido la lección: esas cosas, mejor lejos. No fuera a ser que me ganara alguna bromita.


Pero con el tiempo, fue el cuerpo el que empezó a hablar más fuerte.A través del movimiento, de la respiración, del tocar ciertas zonas…Empecé a notar que había lugares donde algo se liberaba. Lugares del cuerpo donde se concentraba la atención, la emoción, el pulso.


Y ahí estaban, los llamados “chakras”. y empecé. investigar y a integrarlos. No como dogma. Sino como una forma de mapa. Una guía corporal que muchas culturas distintas dibujaron sin conocerse entre sí: en la India, en Egipto, entre los mayas…


Hoy, la ciencia también se asoma.


Sabemos que ciertas zonas del cuerpo —como el pecho, el vientre, el entrecejo— están vinculadas a plexos nerviosos, glándulas endocrinas y sistemas emocionales complejos. Por ejemplo:


Manipura, el tercer chakra, se localiza en el plexo solar y se asocia con el páncreas, órgano clave en la regulación del metabolismo y la digestión.


Anahata, el chakra del corazón, se relaciona con el timo, glándula esencial en el sistema inmunológico.


Ajna, el chakra del entrecejo, se vincula con la glándula pituitaria, considerada el centro de mando hormonal del cuerpo.



Estos centros no solo tienen correspondencia anatómica, también están conectados con funciones emocionales y psicológicas profundas.Y poner atención ahí —respirar, tocar, mover suavemente— puede cambiar cómo te sientes, cómo piensas, cómo reaccionas.No es misticismo, es percepción, neurociencia y memoria.


A día de hoy, mis tías “las brujas” son —de lejos— las que gozan de mejor salud física y mental de la familia.Tienen más de 70 años, y tenéis que ver sus cuerpos flexibles, su energía vital, su claridad.Quizás, al final, no estaban tan equivocadas.


Es evidente que dedicar tiempo a tu cuerpo —físico, psíquico y también sutil— solo puede jugar a tu favor.Y también al de quienes te rodean.


Estarás más presente, más disponible, más conectada.Con más recursos para vivir con consciencia y honestidad.Y para afrontar los envites de esta vida con respeto y amor.


En eso también trabaja Incorporal. No es solo una clase de danza. Es un programa completo donde el cuerpo es el camino.Y donde abrimos espacio para el trabajo personal desde el movimiento, la respiración, la presencia…Y sí, también desde lo sutil. Desde eso que no siempre tiene nombre, pero que se siente.


 
 
 

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